No siempre sé sí podré con tanta realidad, con toda esa fuerza de lo imparable, de lo que llega. Es un paisaje sin pavimentar y así como de repente hay valles y senderos plenos y luminoso hay brechas en las que no veo la luz o me hace sentir como si llevará días adentrándome en un laberinto de plantas venenosas.
No es mi culpa, lo digo como algo que sé, no como algo de lo que quisiera convencerme. Las personas a mi alrededor ceden ante las debilidades que yo compartí con ellas, ante los errores que a mi me culpan, que me persiguen, ante esas cosas que no sé de repente cómo defiendo, ante esas cosas que ahora, justo ahora, no sé cómo defiendo.
Yo no creo que haya cosas malas, hay personas malas, incluso podría decir habemos, pero culpar cosas... no lo sé, me resulta desagradable. Yo no hago daño, al menos no con intención, sin embargo no puedo ser tan bueno sí cosas así pasan tan cerca y yo no hago nada.
No sé si sea culpa, pero se parece mucho, y si es miedo disimula bien pues parece que sólo es algo muy parecido.
Pasan los años y no necesito voces para cuestionarme, lo hago todo el tiempo, me revelo al conformismo, me niego a negarme un juicio.
No quiero ser mala, quiero convencerme de que no lo soy, quisiera gritarme que soy inocente, que yo no hago nada y que yo no lo haría.
Yo hago lo mejor que puedo, lo intentó todo el tiempo y cada que puedo lo confirmo pero hoy las pruebas me niegan consuelo.
sábado, 15 de enero de 2011
lunes, 3 de enero de 2011
02 I 11
Hoy, mundo, sabed que estoy loca, que he perdido la razón, que no tengo juicio: estoy enamorada.
Sabed, gente, que no merezco confianza alguna, que no se deben juzgar precisas mi palabras ni sabias mis aseveraciones, que no tengo ni una certeza en la vida y que sólo voy a traspiés en un túnel imaginando que sigo una luz que no existe.
Hoy, les advierto que nadie debe creerme, que nadie debe seguirme, que no deben pedirme consejo ni preguntarme cosas serias. Yo sólo puedo hablar de luces y sombras, de mariposas y monstruos, de pasiones y de tormentos. No conozco puntos medios, no tengo referencias, me miento y miento, sin intención, a todo al que se deje, no poseo verdades, sólo mitos.
En mi cabeza no hay ideas, sólo ilusiones, paisajes inventados, cuentos, historias, pláticas que he creado, conversaciones que ya no dicen lo que decían a fuerza de repetirlas. No puedo decir nada importante, sólo tengo las anécdotas de besos interminables, de frases que me cambiaron, de miradas simples, de manos que traspasaron fronteras y que me contaron cuentos a su vez. No puedo decirles nada serio, sólo tengo miedos infantiles, teorías que me atormentan, dudas que a nadie importan y lágrimas que se repiten para el mundo pero que a mí me han ahogado una por una.
Soy una ilusa, una revolucionaria que no cambiará nada, una idealista que no puede defender sus ideales porque a veces le fallan, soy un caos que cree tener el orden en un beso, soy un fraude: estoy enamorada.
Ojalá nadie me ame, porque del que amo nunca tendré certezas, porque a él le juro las noches y le dedico los días y es, con todo y la mayor parte del tiempo, una causa perdida.
En mi ceguera, elijo el lado luminoso, decido amar y lo afronto, lo afronto como el quijote afrontó su locura creyéndola certeza, virtud y proeza.
Sabed, gente, que no merezco confianza alguna, que no se deben juzgar precisas mi palabras ni sabias mis aseveraciones, que no tengo ni una certeza en la vida y que sólo voy a traspiés en un túnel imaginando que sigo una luz que no existe.
Hoy, les advierto que nadie debe creerme, que nadie debe seguirme, que no deben pedirme consejo ni preguntarme cosas serias. Yo sólo puedo hablar de luces y sombras, de mariposas y monstruos, de pasiones y de tormentos. No conozco puntos medios, no tengo referencias, me miento y miento, sin intención, a todo al que se deje, no poseo verdades, sólo mitos.
En mi cabeza no hay ideas, sólo ilusiones, paisajes inventados, cuentos, historias, pláticas que he creado, conversaciones que ya no dicen lo que decían a fuerza de repetirlas. No puedo decir nada importante, sólo tengo las anécdotas de besos interminables, de frases que me cambiaron, de miradas simples, de manos que traspasaron fronteras y que me contaron cuentos a su vez. No puedo decirles nada serio, sólo tengo miedos infantiles, teorías que me atormentan, dudas que a nadie importan y lágrimas que se repiten para el mundo pero que a mí me han ahogado una por una.
Soy una ilusa, una revolucionaria que no cambiará nada, una idealista que no puede defender sus ideales porque a veces le fallan, soy un caos que cree tener el orden en un beso, soy un fraude: estoy enamorada.
Ojalá nadie me ame, porque del que amo nunca tendré certezas, porque a él le juro las noches y le dedico los días y es, con todo y la mayor parte del tiempo, una causa perdida.
En mi ceguera, elijo el lado luminoso, decido amar y lo afronto, lo afronto como el quijote afrontó su locura creyéndola certeza, virtud y proeza.
domingo, 12 de diciembre de 2010
12XII10
Claro, el frío es excelente pretexto para la inactividad y para hacerme de la vista gorda con el necesario baño diario, como si la mugre se me pegara menos con las bajas temperaturas. Todo se me entume ante la primer tentativa de falta de movimiento, anta la falta de acción, lo que, a su vez, me incita a moverme menos. Los día como hoy me deprimo, me falta la fuerza para soportar los sabores de vida. Días como hoy me faltan las fuerzas para saber si lo que hago es correcto, barthes tiene razón cuando dice algo así como que el amante siempre duda. Cada que amo me desvelan las dudas, las intrigas, el temor de que pueda doler ya duele por sí mismo. Son las consecuencias no gratificantes de entregarme al ideal, de dejarme ir por la pasión, la locura, la entrega. No me arrepiento, por lo general. Pero hay días que pierdo la calma, como si caminará lejos de mí para ver que más hay y me dejara sola un rato. En esos ratos encuentro monstruos en los calcetines, siento serpientes en el roce de las sábanas y de entre los sueños me asciende a la garganta una sensación de estrépito escondido. No sé lidiar con ello, pasan los años y de repente me encuentra el miedo en el peor momento, en la soledad. Y no encuentro consuelo en nada, y busco en la desesperación un poco más de angustia para ver si se contrarestan, y llego a pensar en soluciones prohibidas, regañadas, culpables. Es cuando cometo más errores.
Asumo el temor como parte de mí, como parte inseparable de mi desbordad felicidad, del entusiasmo en el que me refugio cuando puedo, de la sonrisa franca que me alumbra de vez en cuando. Aún así, siempre hay un poco de miedo en mi valentía.
Asumo el temor como parte de mí, como parte inseparable de mi desbordad felicidad, del entusiasmo en el que me refugio cuando puedo, de la sonrisa franca que me alumbra de vez en cuando. Aún así, siempre hay un poco de miedo en mi valentía.
domingo, 21 de noviembre de 2010
20XI10
Palabras de niños
El lenguaje es el medio por el cual el ser humano se comparte, explica, desdoble y expone. Es la herramienta con la que, en un principio, comunica y un elemento por el que más tarde se identificará: el mundo es palabra, signo y significante. Así, la aprehensión del lenguaje se convierte, primero, en una parte esencial para la supervivencia, un medio para un fin, sin embargo, no es difícil que las palabras se constituyan pronto en un fin mismo, que ellas representen algo con un valor propio. Del éxito de los primeros encuentros del niño con el lenguaje podría depender después su acercamiento con otras abstracciones de la realidad y con otros lenguajes que enriquecen nuestra vida.
Para este éxito, es necesario explotar las funciones del lenguaje relacionadas con los diferentes elementos del acto comunicativo: emisor, receptor, medio, lenguaje mismo o mensaje. Depende de cual de estos elementos sea al que se la da mayor importancia la forma en la que se puede abordar su análisis y ejercicio, la capacidad para enfatizar uno u otros se adquiere en de maneras diferentes. La primera aprehensión del lenguaje es un proceso meramente icónico, relacionado con un proceso de nomenclatura del mundo, el entorno del acto comunicativo es lo importante: es cómo nombrar “eso” o “aquello”. Luego viene el uso del lenguaje como medio de expresión, es decir, lo que siente, desea o necesita, por lo que la atención se centra en el emisor. De manera natural se aprende también, más tarde, a poner énfasis en el receptor de nuestro mensaje, es un aprendizaje necesario para la vida en sociedad pues de él depende nuestro éxito social. Por otra parte enfatizar el mensaje, el medio o el lenguaje es más complicado pues requiere más reflexión y creatividad.
Los primeros encuentros con estas funciones no se dan de manera espontánea ni fortuita sino que deben ser introducidas por un tercero lo que es una de las mayores complicaciones para que lleguen a los niños. Sin embargo, este problema primigenio es el más reciente de todos pues este acercamiento se da por medio de las nanas, las rondas, las coplas, adivinanzas, refranes, dichos y otras manifestaciones. Antes de la aparición de los medios masivos de comunicación todas estas expresiones formaban parte de la educación del infante más como un medio de entretenimiento o de educación social que como un entrenamiento de apreciación artística, aún cuando son las introducen al menor con un uso no comunicativo del lenguaje, con una manifestación lúdica. Las palabras expresan pero a la vez invitan a la creación, a la rima y al juego. Incluso formalmente hablando, la composición de estos juegos de palabras es compleja, rítmica, regular, muchas veces terminan por ser objeto de estudiosos o tienen cierta carga histórica heredera de tradiciones. Por medio de estas expresiones el receptor centra la atención no en el mensaje sino en el medio, en las palabras en sí, ya que, a menudo, lo llamativo de estas manifestaciones radica en cómo se oye, así mismo marca la pauta para que también entienda una de las principales características de los textos literarios: que lo importante no es sólo lo que se dice sino como se dice. Es un primer paso para la comprensión del lenguaje poético.
La identificación del uso literario del lenguaje con las historias hace aún más importante la presencia del adulto para la relación. El adulto se convierte en el “mediador” o “animador de libros” y es él quien cuenta cuentos al niño, quien lo lleva al mundo de las historias. En la actualidad no es que los niños no tengan historias a su alcance o que no tengan sentido de la temporalidad de los eventos pues está acostumbrado a oír las descripciones que hacen sus allegados sobre lo que hacen así como tiene acceso a los medios de comunicación . El tipo de narraciones al que está habituado es diferente como también lo son los recursos que las sostienen. Oír o ver un cuento requiere que el receptor aplique todos sus sentidos, es hacer la costumbre de dedicar un momento específico sólo al lenguaje, sólo a entender y desarrollar una imagen en su mente. El mediador tiene la responsabilidad sobre cuántos cuentos le llegan y cómo le llegan, es el interlocutor con el objeto de lectura o la expresión literaria. En este caso es el mensaje el protagonista del acto comunicativo, lo que se dice sin importar quien lo dice, en apariencia. Con la introducción de las historias surge también otro problema, el de la imagen. Los niños no están acostumbrados a hacer sus propias imágenes sino que están acostumbrados a recibirlas ya digeridas y plasmadas por medios electrónicos que no deben ser santanizados ni prohibidos sino afrontados como parte de la nueva experiencia del niño con el mundo. Son imágenes gráficas acompañadas de diálogos, lo que los acerca más a la experiencia del teatro que a la literaria (aunque de ninguna manera sustituye al teatro pues éste tiene su propio lenguaje insistituible). Un infante tiene relación con programas de televisión, películas, video juegos, videos musicales y animaciones que le ofrecen historias también. El desafío es encontrar los medios apropiados para hacerle notar que él puede crear sus propias imágenes a partir de lo que oye y más tarde a partir de lo que lee así como hacerle notar que la lectura y la narración oral implican una simultaneidad que no se asemeja a la de los medios digitales sino que tiene horizontes y posibilidades propias, diferentes, accesibles sólo mediante el manejo del lenguaje. El adulto no tiene la obligación de acercarle estos usos sino, más bien, la posibilidad, depende en gran medida de su propia opinión sobre éstas experiencias el que se las procure o no al niño.
El dominio de las palabras, no obstante, no tiene (ni debe tener) como fin último el acercamiento con los libros pues ante todo deben ser éstas el medio de articulación de pensamientos que le permitan explicar y representar la realidad para comprenderla, abarcarla y, si se puede, modificarla.
Las palabras de un autor son la “radiografía” de su pensamiento, permiten al hombre reconocerse como semejante o diferente de otros, abre las expectativas y promueve la reflexión sobre la realidad del receptor, del emisor y de otras posibles. Permite asir el mundo por medio de la interpretación y reinterpretación, las cosas tendrán tantas caras como palabras para designarlas encontremos. Al final no es una cuestión didáctica sino humanística.
El lenguaje es el medio por el cual el ser humano se comparte, explica, desdoble y expone. Es la herramienta con la que, en un principio, comunica y un elemento por el que más tarde se identificará: el mundo es palabra, signo y significante. Así, la aprehensión del lenguaje se convierte, primero, en una parte esencial para la supervivencia, un medio para un fin, sin embargo, no es difícil que las palabras se constituyan pronto en un fin mismo, que ellas representen algo con un valor propio. Del éxito de los primeros encuentros del niño con el lenguaje podría depender después su acercamiento con otras abstracciones de la realidad y con otros lenguajes que enriquecen nuestra vida.
Para este éxito, es necesario explotar las funciones del lenguaje relacionadas con los diferentes elementos del acto comunicativo: emisor, receptor, medio, lenguaje mismo o mensaje. Depende de cual de estos elementos sea al que se la da mayor importancia la forma en la que se puede abordar su análisis y ejercicio, la capacidad para enfatizar uno u otros se adquiere en de maneras diferentes. La primera aprehensión del lenguaje es un proceso meramente icónico, relacionado con un proceso de nomenclatura del mundo, el entorno del acto comunicativo es lo importante: es cómo nombrar “eso” o “aquello”. Luego viene el uso del lenguaje como medio de expresión, es decir, lo que siente, desea o necesita, por lo que la atención se centra en el emisor. De manera natural se aprende también, más tarde, a poner énfasis en el receptor de nuestro mensaje, es un aprendizaje necesario para la vida en sociedad pues de él depende nuestro éxito social. Por otra parte enfatizar el mensaje, el medio o el lenguaje es más complicado pues requiere más reflexión y creatividad.
Los primeros encuentros con estas funciones no se dan de manera espontánea ni fortuita sino que deben ser introducidas por un tercero lo que es una de las mayores complicaciones para que lleguen a los niños. Sin embargo, este problema primigenio es el más reciente de todos pues este acercamiento se da por medio de las nanas, las rondas, las coplas, adivinanzas, refranes, dichos y otras manifestaciones. Antes de la aparición de los medios masivos de comunicación todas estas expresiones formaban parte de la educación del infante más como un medio de entretenimiento o de educación social que como un entrenamiento de apreciación artística, aún cuando son las introducen al menor con un uso no comunicativo del lenguaje, con una manifestación lúdica. Las palabras expresan pero a la vez invitan a la creación, a la rima y al juego. Incluso formalmente hablando, la composición de estos juegos de palabras es compleja, rítmica, regular, muchas veces terminan por ser objeto de estudiosos o tienen cierta carga histórica heredera de tradiciones. Por medio de estas expresiones el receptor centra la atención no en el mensaje sino en el medio, en las palabras en sí, ya que, a menudo, lo llamativo de estas manifestaciones radica en cómo se oye, así mismo marca la pauta para que también entienda una de las principales características de los textos literarios: que lo importante no es sólo lo que se dice sino como se dice. Es un primer paso para la comprensión del lenguaje poético.
La identificación del uso literario del lenguaje con las historias hace aún más importante la presencia del adulto para la relación. El adulto se convierte en el “mediador” o “animador de libros” y es él quien cuenta cuentos al niño, quien lo lleva al mundo de las historias. En la actualidad no es que los niños no tengan historias a su alcance o que no tengan sentido de la temporalidad de los eventos pues está acostumbrado a oír las descripciones que hacen sus allegados sobre lo que hacen así como tiene acceso a los medios de comunicación . El tipo de narraciones al que está habituado es diferente como también lo son los recursos que las sostienen. Oír o ver un cuento requiere que el receptor aplique todos sus sentidos, es hacer la costumbre de dedicar un momento específico sólo al lenguaje, sólo a entender y desarrollar una imagen en su mente. El mediador tiene la responsabilidad sobre cuántos cuentos le llegan y cómo le llegan, es el interlocutor con el objeto de lectura o la expresión literaria. En este caso es el mensaje el protagonista del acto comunicativo, lo que se dice sin importar quien lo dice, en apariencia. Con la introducción de las historias surge también otro problema, el de la imagen. Los niños no están acostumbrados a hacer sus propias imágenes sino que están acostumbrados a recibirlas ya digeridas y plasmadas por medios electrónicos que no deben ser santanizados ni prohibidos sino afrontados como parte de la nueva experiencia del niño con el mundo. Son imágenes gráficas acompañadas de diálogos, lo que los acerca más a la experiencia del teatro que a la literaria (aunque de ninguna manera sustituye al teatro pues éste tiene su propio lenguaje insistituible). Un infante tiene relación con programas de televisión, películas, video juegos, videos musicales y animaciones que le ofrecen historias también. El desafío es encontrar los medios apropiados para hacerle notar que él puede crear sus propias imágenes a partir de lo que oye y más tarde a partir de lo que lee así como hacerle notar que la lectura y la narración oral implican una simultaneidad que no se asemeja a la de los medios digitales sino que tiene horizontes y posibilidades propias, diferentes, accesibles sólo mediante el manejo del lenguaje. El adulto no tiene la obligación de acercarle estos usos sino, más bien, la posibilidad, depende en gran medida de su propia opinión sobre éstas experiencias el que se las procure o no al niño.
El dominio de las palabras, no obstante, no tiene (ni debe tener) como fin último el acercamiento con los libros pues ante todo deben ser éstas el medio de articulación de pensamientos que le permitan explicar y representar la realidad para comprenderla, abarcarla y, si se puede, modificarla.
Las palabras de un autor son la “radiografía” de su pensamiento, permiten al hombre reconocerse como semejante o diferente de otros, abre las expectativas y promueve la reflexión sobre la realidad del receptor, del emisor y de otras posibles. Permite asir el mundo por medio de la interpretación y reinterpretación, las cosas tendrán tantas caras como palabras para designarlas encontremos. Al final no es una cuestión didáctica sino humanística.
sábado, 30 de octubre de 2010
30 X 10
La tranquilidad que viene con la confianza, más que con el abuso, de ciertas sustancias es necesaria como lo es el café por las mañanas de lunes después de fin de semena de puente y con examen.
Es una tranquilidad merecida pero culpable. No niego en ningun momento que el consumo de ellas, puesto que implican la comercialización, implica muertes. No apoyo las muertes, no es que no me pesen ni que no me importen.
Es complicada un disertación en la que los daños son "invisibles", cadáveres y cadáveres de personas que no conozco, que nunca he visto y nunca vere pues mi vicio, como una de sus peores consecuencias, cobra como peor culpa ser una planta asesina.
La disertación semántico-filosófica sobre lo que significa que una planta asesina sea agentiva debe quedarse a un lado siempre, un hábito así no tiene derecho a la broma, al cuestionamient, a la irreverencia pues ésta, como siempre, lastima.
Las complicaciones de una desición no se hacen patentes sino hasta que un interlocutor las cuestina, es difícil ser cuestionado, no va con cualquier carácter. Así como no va con todos los caracteres preguntar no va con todos responder, de hecho va con aún menos. Requiere de curiosidad y valor preguntar, implica a menudo ciertas consideraciones para con el interlocutor, una percepción propia sobre la curiosidad, el morbo y el espacio mental ajeno. En realidad el verdadero acto de valor a menudo viene cruzando el act comunicativo y juzgando la respuesta, aun cuando ésta sea una negativa de contestar la pregunta, aun cuando la negación de la respuesta sea en sí mismo algun tipo de respuesta con contenido, decir "nada" dice más de lo que los indagadores quieren creer.
Cuando una desición se basa en el placer es mucho menos sostenible que muchas otras. Primero, sería sostener que que el placer es un tipo de beneficio, uno personal, intransferible (excepto en el caso de que alguien este enamorado de ti ya que en ése caso también al otro le daría gusto, en teoría, que este beneficio es considerado mayor o más importante a los daños o consecuencias negativas pueda atraer. Qué tipo de persona es aquélla que considera "pocos daños" la muerte de personas. lamuerte es curiosa cosa, uno puede sentir que muere un poquito cuando no es feliz, no hay más finalidad en la vida que la felicidad, no hay más consideraciones que las que nos meremos nosotros y nuestra paz.
Se buscan amigos por ello, amores, placeres, pasiones, compromisos. Se acude a llamdos y se beben tragos amargos como consecuencia o precio. Se disfruta lo malo y lo bueno como conciente aceptación de un tipo de vida que es asumido y razonado.
No hay justificación para un placer, pero no por ello deja de serlo. Es como un claro, un lugar donde llegue un poco mas de luz o donde se tenga cierta tranquilidad. Es un camino para aquél lugar, no el único y aun menos el mejor, hay otros más efectivos y hermosos, caminos que hacen olvidar el destino. El claro por otra parte tampoco es un destino, es como un descanso de unas grandes escaleras. Es y no es un claro por que a veces parece más como un algo más que se me escapa ante la insistencia de admitir que simplemente es un placer, un placer al que desearía no tener que explicar y menos defender.
Es la libertad sin responsabilidad de la libertad de prensa, es el tipo de libertad que gozamos en otros medios los que escribimos sabiendo que posiblemente esto ni siquiera sea leído. Pero las palabras... quién dijo que a las palbras se las lleva el viento debió ser inmortal.
Es un vicio, sin duda, sólo por q hace mal. Es el peor vicio del mundo por que hace mucho daño, debo ser la peor persona ddel mundo por no importarme, pero me importa y lo hago, y ya no puedo sentirme peor.
Es una tranquilidad merecida pero culpable. No niego en ningun momento que el consumo de ellas, puesto que implican la comercialización, implica muertes. No apoyo las muertes, no es que no me pesen ni que no me importen.
Es complicada un disertación en la que los daños son "invisibles", cadáveres y cadáveres de personas que no conozco, que nunca he visto y nunca vere pues mi vicio, como una de sus peores consecuencias, cobra como peor culpa ser una planta asesina.
La disertación semántico-filosófica sobre lo que significa que una planta asesina sea agentiva debe quedarse a un lado siempre, un hábito así no tiene derecho a la broma, al cuestionamient, a la irreverencia pues ésta, como siempre, lastima.
Las complicaciones de una desición no se hacen patentes sino hasta que un interlocutor las cuestina, es difícil ser cuestionado, no va con cualquier carácter. Así como no va con todos los caracteres preguntar no va con todos responder, de hecho va con aún menos. Requiere de curiosidad y valor preguntar, implica a menudo ciertas consideraciones para con el interlocutor, una percepción propia sobre la curiosidad, el morbo y el espacio mental ajeno. En realidad el verdadero acto de valor a menudo viene cruzando el act comunicativo y juzgando la respuesta, aun cuando ésta sea una negativa de contestar la pregunta, aun cuando la negación de la respuesta sea en sí mismo algun tipo de respuesta con contenido, decir "nada" dice más de lo que los indagadores quieren creer.
Cuando una desición se basa en el placer es mucho menos sostenible que muchas otras. Primero, sería sostener que que el placer es un tipo de beneficio, uno personal, intransferible (excepto en el caso de que alguien este enamorado de ti ya que en ése caso también al otro le daría gusto, en teoría, que este beneficio es considerado mayor o más importante a los daños o consecuencias negativas pueda atraer. Qué tipo de persona es aquélla que considera "pocos daños" la muerte de personas. lamuerte es curiosa cosa, uno puede sentir que muere un poquito cuando no es feliz, no hay más finalidad en la vida que la felicidad, no hay más consideraciones que las que nos meremos nosotros y nuestra paz.
Se buscan amigos por ello, amores, placeres, pasiones, compromisos. Se acude a llamdos y se beben tragos amargos como consecuencia o precio. Se disfruta lo malo y lo bueno como conciente aceptación de un tipo de vida que es asumido y razonado.
No hay justificación para un placer, pero no por ello deja de serlo. Es como un claro, un lugar donde llegue un poco mas de luz o donde se tenga cierta tranquilidad. Es un camino para aquél lugar, no el único y aun menos el mejor, hay otros más efectivos y hermosos, caminos que hacen olvidar el destino. El claro por otra parte tampoco es un destino, es como un descanso de unas grandes escaleras. Es y no es un claro por que a veces parece más como un algo más que se me escapa ante la insistencia de admitir que simplemente es un placer, un placer al que desearía no tener que explicar y menos defender.
Es la libertad sin responsabilidad de la libertad de prensa, es el tipo de libertad que gozamos en otros medios los que escribimos sabiendo que posiblemente esto ni siquiera sea leído. Pero las palabras... quién dijo que a las palbras se las lleva el viento debió ser inmortal.
Es un vicio, sin duda, sólo por q hace mal. Es el peor vicio del mundo por que hace mucho daño, debo ser la peor persona ddel mundo por no importarme, pero me importa y lo hago, y ya no puedo sentirme peor.
miércoles, 30 de junio de 2010
30VI10
Paciencia
Respirar profundo, levantar la mirada, levantar un poco el labio o girar la cabeza para esconder con disimulos alguna expresión son unos cuantos de los síntomas de no tener paciencia. Encontrar una razón poderosa para no reaccionar con total libertad no sólo requiere no sólo de paz mental o deseos de ser políticamente correcto sino un elaborado discurso filosófico ideológico con si mismo que puede no haberse a cabo aún.
La paciencia se puede esconder tras los motivos más ridículos en la vida diaria o se puede convertir en una elección de convicción casi irreverente.
Tomar la decisión adecuada o adecuarla al momento y situación demandante implica un riguroso análisis inmediato el cual no siempre está en condiciones de realizarse, posiblemente incluso se desarrolla demasiado tarde. De esta manera, cuando las situaciones que nos prueban se repiten, un mecanismo dentro de nosotros se despierta y puede hacernos inverosímil el hecho de que “aquéllo” siga molestándonos sin inmutarse al respecto o de que a nosotros siga importándonos. Rehacer el análisis, pero ahora enfocado en por que nos molesta, de nuevo requiere trabajo mental, una inversión de tiempo nada despreciable y cuestionar nuestra posición (lo que podría implicar otros exámenes a su vez). Al final toda evento en el mundo puede hacernos desear paciencia en cualquier momento, es inevitable, el mundo está lleno de cosas horribles, apestosas, repetitivas, poco creativas, absurdas, incómodas, inverosímiles, incorrectas y estrafalarias. Pero las personas no, detrás de tanto cuestionamiento podemos siempre podemos tratar de inferir por qué mierda hay que discutir.
En ese punto siempre me atoro, nunca sé por qué no se me permite sencillamente guardar silencio o sencillamente mandar al ex-compañero de diálogo a saludar a su madre.
Respirar profundo, levantar la mirada, levantar un poco el labio o girar la cabeza para esconder con disimulos alguna expresión son unos cuantos de los síntomas de no tener paciencia. Encontrar una razón poderosa para no reaccionar con total libertad no sólo requiere no sólo de paz mental o deseos de ser políticamente correcto sino un elaborado discurso filosófico ideológico con si mismo que puede no haberse a cabo aún.
La paciencia se puede esconder tras los motivos más ridículos en la vida diaria o se puede convertir en una elección de convicción casi irreverente.
Tomar la decisión adecuada o adecuarla al momento y situación demandante implica un riguroso análisis inmediato el cual no siempre está en condiciones de realizarse, posiblemente incluso se desarrolla demasiado tarde. De esta manera, cuando las situaciones que nos prueban se repiten, un mecanismo dentro de nosotros se despierta y puede hacernos inverosímil el hecho de que “aquéllo” siga molestándonos sin inmutarse al respecto o de que a nosotros siga importándonos. Rehacer el análisis, pero ahora enfocado en por que nos molesta, de nuevo requiere trabajo mental, una inversión de tiempo nada despreciable y cuestionar nuestra posición (lo que podría implicar otros exámenes a su vez). Al final toda evento en el mundo puede hacernos desear paciencia en cualquier momento, es inevitable, el mundo está lleno de cosas horribles, apestosas, repetitivas, poco creativas, absurdas, incómodas, inverosímiles, incorrectas y estrafalarias. Pero las personas no, detrás de tanto cuestionamiento podemos siempre podemos tratar de inferir por qué mierda hay que discutir.
En ese punto siempre me atoro, nunca sé por qué no se me permite sencillamente guardar silencio o sencillamente mandar al ex-compañero de diálogo a saludar a su madre.
martes, 22 de junio de 2010
32 VI 10
Primero.
Al aire libre.
Los lunares resaltaban como territorio no marcado. Eran puntos que unir con la mirada curiosa, ávida, resplandeciente ante tanta proposición indecorosa. La única forma de unir tantas marcas fue con más marcas. Los labios tronaron suavemente sobre cada uno, la cifra final no importó: terminaba en 7 y fue suficiente para que todo cediera. El impaciente deseo alimentado con besos de escalera, puerta, parque; los pocos robados entre libros; todos se desbalanzaron súbitamente cuando en algún momento se venció el rumor de timidez.
Fue robarle la confianza al morbo y ni así terminó en morbo aquéllo. La curiosidad reinó con su afán lúdico, dio un par de vueltas. Las miradas se guiaban en silencios y frases numeradas: fue un rato bien invertido en pintar estrellas con la piel y luego borrarlas con apretones y arrumacos que probaban distancias y permisos. Todo trotó en orden. El ambiente se saboreó con el aroma recién descubierto del sudor ajeno, olor que se grabó después indeleblemente pero que era, en ese entonces, un desliz de provocación. Fue la combinación perfecta, varios días, varias soledades. Los pormenores son más curioso que dignos de causar sobresalto, movimientos torpes que no se cuadran, las vueltas no pensadas y bien sentidas, risas aún nerviosas, era mucha experimentación con un tentar y regresar de olas, un estira y afloja lento y delicioso que se aflojó del todo con una sonrisa que inventamos para eso.
Al aire libre.
Los lunares resaltaban como territorio no marcado. Eran puntos que unir con la mirada curiosa, ávida, resplandeciente ante tanta proposición indecorosa. La única forma de unir tantas marcas fue con más marcas. Los labios tronaron suavemente sobre cada uno, la cifra final no importó: terminaba en 7 y fue suficiente para que todo cediera. El impaciente deseo alimentado con besos de escalera, puerta, parque; los pocos robados entre libros; todos se desbalanzaron súbitamente cuando en algún momento se venció el rumor de timidez.
Fue robarle la confianza al morbo y ni así terminó en morbo aquéllo. La curiosidad reinó con su afán lúdico, dio un par de vueltas. Las miradas se guiaban en silencios y frases numeradas: fue un rato bien invertido en pintar estrellas con la piel y luego borrarlas con apretones y arrumacos que probaban distancias y permisos. Todo trotó en orden. El ambiente se saboreó con el aroma recién descubierto del sudor ajeno, olor que se grabó después indeleblemente pero que era, en ese entonces, un desliz de provocación. Fue la combinación perfecta, varios días, varias soledades. Los pormenores son más curioso que dignos de causar sobresalto, movimientos torpes que no se cuadran, las vueltas no pensadas y bien sentidas, risas aún nerviosas, era mucha experimentación con un tentar y regresar de olas, un estira y afloja lento y delicioso que se aflojó del todo con una sonrisa que inventamos para eso.
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