No supe cómo pero un día dejé de ser niña. Me levante una mañana como si entendiera de política y de economía y afronte al mundo con mi nueva actitud de adulto. Dejé de ser niña mucho después de esa mañana y mucho antes de esta tarde en la que lo razono. Un día dejé unos juegos y los cambie por otros. Deje el larguísimo ritual de acomodar mis trastecitos como si de acomodar las joyas de la corona se tratara y ahora acomodo fotocopias con la misma dedicación.
Pensé en todo lo que dejé en mi niñez y lo extrañé, nos acostumbran a añorar los días en los que lloramos por perder una pelota, no podíamos salir solos y andábamos con la cara llena de chocolate seco como si fuera la moda en París. En realidad no creo que sea una onda tan digna de recelo. Recuerdo bien tardes luminosas que se tornaban mágicas con una casualidad cualquiera y en las que la felicidad brotaba de las ocurrencias más inocentes pero también recuerdo lágrimas amargas como ningunas otras al perder un diamante morado o al ver muerta a mi tortuga. Hay miles de cosas que he perdido de mi infancia y que quisiera recuperar: el tamaño para entrar en esas redes de ligas enormes, las ganas de que me digan bonita sin lujuria y una justificación para llorar de miedo. Ojalá tuviera un vestido con un elefante como ése que me dejó de quedar hace casi dos décadas, ojalá pudiera sentarme en las piernas de mis tíos para quedarme dormida y ojalá, a veces al menos, fuera tan fácil aceptar que me equivoqué y que la gente me perdonara por que me falta mucho por aprender.
Dejé en mi niñez muchas cosas, miles de ellas hermosas, otras tantas feas. Olvidé, una tarde, en algún rincón, el peluche de mickey mouse sin el que no podía dormir los primeros años de mi vida. Otra tarde, olvidé el kit para hacer joyas de plastilina con el que me embellecía todas las tardes y una noche encontré arrumbados los tubos con los que armaba la casita en la que acampé en mi sala con mi hermano y mi prima. Una mañana descubrí que la casita estaba bien buena para pistear en mi azotea sin que nos diera el sol.
Crecer fue un drama, más por la adolescencia que por lo que dejé, sin embargo hay cosas que guardé y que hoy reconozco más que nunca. Guarde, en secreto, tanto de cuando era pequeña que no me da pena decir que tal vez lo soy aún un poco.
Creo que es tonto o arrogante o ingenuo decir que ya no somos niños. Gracias a los medios es ridículo decir que aún lo somos así que hablar de esas cosas se convierte necesariamente en una encrucijada. He crecido !gracias a Gatopan he crecido!!! Qué bueno que mi madre ya no elije mi corte de pelo; que puedo entrar sola al cine y mejor aún ir sola al parque. Yo elijo el largo de mis faldas y puedo comprar cigarros, ciertamente no soy una niña y las fiestas a las que voy no son tan distintas: hay un montón de morros brincando y gritando, en lugar de beber coca beben ron o tequila pero igual andan corriendo, empujando a las niñas. Si la vida fuera como Quino proponía, si nuestra vida comenzará con nuestra vejez y mueriéramos en el orgasmo de nuestros padres, añoraríamos la sabiduría de nuestra tercera edad, nos preguntaríamos el por qué de perder la facilidad para dar concejos y las ganas de disfrutar de la vida, obvio dejaríamos de lado la parte fea, es absurdo.
Hay cosas que he perfeccionado de mi niñez y otras que he transformado en algo más sutil. Entonces quería un amor que no he encontrado así como hoy he encontrado amores que ojalá hubiera deseado. Deseaba yo un amor serio, lleno de seguridades y juramentos, que no me hiciera reír para no perder el estilo y que no me viera llorar para que no me perdiera el respeto. Esperaba una pasión como de cuento, que se gestara en la lejanía de una aventura y que no explicara su feliz para siempre. En cambio he tenido amores que me han mojado los ojos con tristezas y me los han secado por llorar de risa. Amores en los que juego a no jugar y en los que mejor no prometo para no dejar de cumplir. En los que he vivido aventuras sin finales felices pero que no son cuentos tristes: finales tibios que me hacen dormir tranquila y las más de las veces sonriente. A mis príncipes nunca le he encontrado la espada ni la corona y sin embargo todos me han llevado a lugares de fantasía, unos a bosques encantados, otros a cabalgar en burros y no en caballos, me han leído el futuro en las estrellas, alguno que otro me ha dejado en la torre por ir a matar monstruos, incluso, y ni así son como los imaginé antes de dormir.Y sin embargo me han hecho ver lo muy niña que soy a veces: durmiendo en el pasto, lamiendo cosas por curiosidad, abrazando árboles y jugando a hacer revistas o contándome cuentos, llorando por un capricho, por un deseo que por complicado más lo deseo. Me han abrazado como si no hubiera tanta lujuría de por medio en estas edades, como si tomarme de la mano fuera más serio que proponerme matrimonio y haciéndome preguntas tachadas de tontas como los por qués, nunca hubiera pedido tantas dudas y he aprendido a hallar en ellas mis certezas.
Es disimulado lo que cargo en mis letras de mi primer pasado.Necesito para dejarme ir de un lugar seguro, de mi propio biombo para que no me de el aire, es de mi yo pequeña ese espacio. El lugar que he forjado a partir de las corretizas y los secretos con mis primos, de los árboles que de tan grandes me asustaban. Es entre esos espacios tan pequeños en los que cabía en los que me siento cuando tengo que explorar alguna idea que evadía por largo tiempo, en los que confío para guardar las palabras que sólo puedo explicar en silencio y a las que regreso para jugar a la valiente. Son los rincones en el que el perro de juguete de mi juventud se torna lobo león de mis insomnios... insomnios que creo que son lo que menos ha cambiado.
Es evidente lo que cargo de mis días de Sarita en mis palabras, las palabras con las que etiqueto los lugares y las personas. Bien, son pocas y no como las imaginan pero todas ellas nacieron en ese mismo paisaje de hace no tanto. Cuando pienso algo lo pienso como esa primera vez que lo vi, esa primera vez ya es parte de mi niñez más por esa visión con la que las photoshopeo con mis colección de colores para nombrarlas, que por que sean así o hayana sido. Pienso en esa primer vez en la que vi algo, en esa vista que es más de niña que de mi yo de ahora. Esas palabras son flores que dejo crecer en ese jardín y que corto para decírlas con la esperanza de que no se me sequen en la boca. Sus semillas las planté los días en los que aprendía a decir el mundo. Y es más mi invención que mi memoria, me he sentado horas a perfeccionar las retentivas, casi lo he hecho con alevosía. He sembrado un jardín donde juega mi lógica, mi lógica que ya no encaja en esta lógica universitaria, esos razonamientos que justifican las sonrisas como medio de pedir perdón y las palabras que la dicen.
He guardado muchas cosas, no creo que demasiadas, tal vez apenas suficiente, espero. Hay una a la que a veces me aferro, de la que no puedo huir y en la a veces me refugio. Son mis cuentos y se parecen a mis letras pero son más libres, corren por ahí, se me escapan de la boca y a veces se convierten en mentiras. Hay veces que los organizo y los ofrezco a granel, hay otras en las que los doy a cuentagotas como la medicina que son para mí. Así he logrado traer y dibujar castillos, convocar magos, desdibujar mosntruos. En ellos he encontrado las burbujas de mis tormentas y los poemas que dejé debajo de mi almohada y que nunca me aprendí. Ahí mezclo lo mucho de mala poeta que tengo y lo muy poco, por suerte, de buena teatrera. Confío así en que al menos ahí me dejen no crecer tanto, que no olvide yo las cosas simples pero que siga gozando de las complicadas. Eso me ha quedado, mi propia voz que oigo igual y que me deja pensar que creceré y que ya no lloraré con las cosas tristes y que sonreiré con las alegres.
No supe cómo pero un día deje de ser niña. Me levante un día como si entendiera de política y de economía y afronté al mundo, lo cierto es que las entiendo menos que nunca. Dejé de ser niña mucho después de esa mañana y mucho antes de esta tarde en que lo razono y sin embargo hay veces en las que por las noches abrazo mi peluche para no sentir que las sombras me asustan. Un día dejé unos juegos y los cambié por otros, juego con más ahínco por que juego menos y, además, ahora es un asunto mucho más serio. Dejé el larguísimo ritual de acomodar mis trastecitos como si de acomodar las joyas de la corona se tratara y ahora acomodo fotocopias con la misma dedicación.
jueves, 14 de abril de 2011
domingo, 20 de marzo de 2011
20III11
too late for anything, o como se diría mucho mejor en españo: vale verga. Regreso a la página propia, ya no hay más para que evitarme o evitarlo. Las cosas siempre terminan por pasar y espero haya estado seguro, yo por mi parte creo en la desesperana. Por cuestiones prácticas, sicológicas, molares y de paz ética regreso al monólogo o cómo la banda lo considera: el discurso del loco. Bah. Tal vez si me asumo loca la banda deje de decir semejante pendejada, como si asumirse parecido al de al lado fuera a evitarnos problemas con él o a dejarnos una felicidad socialista que lo ameritara. Regreso a las voces, a las discusiones entre razón y corazón, entre cerebro y romanticismo. Tal vez lea a Fichte, pendejo, si se merece ser leído puede que hasta me guste y entonces sí hasta regrese con la filosofía. Claro, he regresado a todo lo que hacía antes de él, referido de ahora en adelante como..... mmmm, de ésto podrían depender tantas cosas, tal vez haga un analisis de como será tratado de ahora e adelante. No vale la pena, lo pensaré, de mientras será Mister Él y así sabremos que es él y ningún otro y que no es Dios.He regresado a todo y no soy la misma, soy otra, distinta pero que hace lo mismo y por lo tanto saben que es la misma. Ahora él es parte de mí, quienes me conocieron con él sabrán que es él, quienes no pues pensaran que no existió: mal pedo, dejó de existir y nadie se lo dirá, seguro pregunta y se me hace una declaración lo suficientemente desagradable como para no decírselo sin que me lo pregunte pero lo suficiente como para que me lo pregunte se lo diga casi con orgullo, al fin, él siempre piensa que lo hice así desde un principio y, aun para él, ser malo es como parecido a ser valiente.
Ha terminado y yo de nuevo me topo hablando de mí, brrr, nunca entendió que no hay para qué querer a alguien si no es para celebrar todos los días su existencia, para alegrarse por que existe. Lo sigo queriendo, pero se alejará y no importa cuandot lloré, en serio ya no importa y esta desdicha es tan ridícula ya que ya ni a él se la escribo, es demasiado boba, demasiado sin sentido, pierde la razón, se vuelven loca, no hay razones para ella. Es una pena sin justificación, sólo la romántica razón de exacerbarla por que no queda nada más que no sea para ella para albar que he amado y he sentido y que sí es una tragedia haberlo perdido, la más grande de todas.
Hubiera dado la mano con la que escribo, con todo y pluma, por que se quedara, pero se fue y es una tristeza.
Me quedo sola, con este dolor por lo que no puedo tener pero tuve, lo sentí, supe que era mío y lo cuidé poco y mal, fue sin querer, nunca quise no hacerlo bien pero así es la vida, uno se equivoca más de lo que uno quisiera.
Lo disfrute tanto tanto que sólo me queda dejarlo ir con la alegría de que al menos lo tuve.
Ha terminado y yo de nuevo me topo hablando de mí, brrr, nunca entendió que no hay para qué querer a alguien si no es para celebrar todos los días su existencia, para alegrarse por que existe. Lo sigo queriendo, pero se alejará y no importa cuandot lloré, en serio ya no importa y esta desdicha es tan ridícula ya que ya ni a él se la escribo, es demasiado boba, demasiado sin sentido, pierde la razón, se vuelven loca, no hay razones para ella. Es una pena sin justificación, sólo la romántica razón de exacerbarla por que no queda nada más que no sea para ella para albar que he amado y he sentido y que sí es una tragedia haberlo perdido, la más grande de todas.
Hubiera dado la mano con la que escribo, con todo y pluma, por que se quedara, pero se fue y es una tristeza.
Me quedo sola, con este dolor por lo que no puedo tener pero tuve, lo sentí, supe que era mío y lo cuidé poco y mal, fue sin querer, nunca quise no hacerlo bien pero así es la vida, uno se equivoca más de lo que uno quisiera.
Lo disfrute tanto tanto que sólo me queda dejarlo ir con la alegría de que al menos lo tuve.
sábado, 15 de enero de 2011
15 I 11
No siempre sé sí podré con tanta realidad, con toda esa fuerza de lo imparable, de lo que llega. Es un paisaje sin pavimentar y así como de repente hay valles y senderos plenos y luminoso hay brechas en las que no veo la luz o me hace sentir como si llevará días adentrándome en un laberinto de plantas venenosas.
No es mi culpa, lo digo como algo que sé, no como algo de lo que quisiera convencerme. Las personas a mi alrededor ceden ante las debilidades que yo compartí con ellas, ante los errores que a mi me culpan, que me persiguen, ante esas cosas que no sé de repente cómo defiendo, ante esas cosas que ahora, justo ahora, no sé cómo defiendo.
Yo no creo que haya cosas malas, hay personas malas, incluso podría decir habemos, pero culpar cosas... no lo sé, me resulta desagradable. Yo no hago daño, al menos no con intención, sin embargo no puedo ser tan bueno sí cosas así pasan tan cerca y yo no hago nada.
No sé si sea culpa, pero se parece mucho, y si es miedo disimula bien pues parece que sólo es algo muy parecido.
Pasan los años y no necesito voces para cuestionarme, lo hago todo el tiempo, me revelo al conformismo, me niego a negarme un juicio.
No quiero ser mala, quiero convencerme de que no lo soy, quisiera gritarme que soy inocente, que yo no hago nada y que yo no lo haría.
Yo hago lo mejor que puedo, lo intentó todo el tiempo y cada que puedo lo confirmo pero hoy las pruebas me niegan consuelo.
No es mi culpa, lo digo como algo que sé, no como algo de lo que quisiera convencerme. Las personas a mi alrededor ceden ante las debilidades que yo compartí con ellas, ante los errores que a mi me culpan, que me persiguen, ante esas cosas que no sé de repente cómo defiendo, ante esas cosas que ahora, justo ahora, no sé cómo defiendo.
Yo no creo que haya cosas malas, hay personas malas, incluso podría decir habemos, pero culpar cosas... no lo sé, me resulta desagradable. Yo no hago daño, al menos no con intención, sin embargo no puedo ser tan bueno sí cosas así pasan tan cerca y yo no hago nada.
No sé si sea culpa, pero se parece mucho, y si es miedo disimula bien pues parece que sólo es algo muy parecido.
Pasan los años y no necesito voces para cuestionarme, lo hago todo el tiempo, me revelo al conformismo, me niego a negarme un juicio.
No quiero ser mala, quiero convencerme de que no lo soy, quisiera gritarme que soy inocente, que yo no hago nada y que yo no lo haría.
Yo hago lo mejor que puedo, lo intentó todo el tiempo y cada que puedo lo confirmo pero hoy las pruebas me niegan consuelo.
lunes, 3 de enero de 2011
02 I 11
Hoy, mundo, sabed que estoy loca, que he perdido la razón, que no tengo juicio: estoy enamorada.
Sabed, gente, que no merezco confianza alguna, que no se deben juzgar precisas mi palabras ni sabias mis aseveraciones, que no tengo ni una certeza en la vida y que sólo voy a traspiés en un túnel imaginando que sigo una luz que no existe.
Hoy, les advierto que nadie debe creerme, que nadie debe seguirme, que no deben pedirme consejo ni preguntarme cosas serias. Yo sólo puedo hablar de luces y sombras, de mariposas y monstruos, de pasiones y de tormentos. No conozco puntos medios, no tengo referencias, me miento y miento, sin intención, a todo al que se deje, no poseo verdades, sólo mitos.
En mi cabeza no hay ideas, sólo ilusiones, paisajes inventados, cuentos, historias, pláticas que he creado, conversaciones que ya no dicen lo que decían a fuerza de repetirlas. No puedo decir nada importante, sólo tengo las anécdotas de besos interminables, de frases que me cambiaron, de miradas simples, de manos que traspasaron fronteras y que me contaron cuentos a su vez. No puedo decirles nada serio, sólo tengo miedos infantiles, teorías que me atormentan, dudas que a nadie importan y lágrimas que se repiten para el mundo pero que a mí me han ahogado una por una.
Soy una ilusa, una revolucionaria que no cambiará nada, una idealista que no puede defender sus ideales porque a veces le fallan, soy un caos que cree tener el orden en un beso, soy un fraude: estoy enamorada.
Ojalá nadie me ame, porque del que amo nunca tendré certezas, porque a él le juro las noches y le dedico los días y es, con todo y la mayor parte del tiempo, una causa perdida.
En mi ceguera, elijo el lado luminoso, decido amar y lo afronto, lo afronto como el quijote afrontó su locura creyéndola certeza, virtud y proeza.
Sabed, gente, que no merezco confianza alguna, que no se deben juzgar precisas mi palabras ni sabias mis aseveraciones, que no tengo ni una certeza en la vida y que sólo voy a traspiés en un túnel imaginando que sigo una luz que no existe.
Hoy, les advierto que nadie debe creerme, que nadie debe seguirme, que no deben pedirme consejo ni preguntarme cosas serias. Yo sólo puedo hablar de luces y sombras, de mariposas y monstruos, de pasiones y de tormentos. No conozco puntos medios, no tengo referencias, me miento y miento, sin intención, a todo al que se deje, no poseo verdades, sólo mitos.
En mi cabeza no hay ideas, sólo ilusiones, paisajes inventados, cuentos, historias, pláticas que he creado, conversaciones que ya no dicen lo que decían a fuerza de repetirlas. No puedo decir nada importante, sólo tengo las anécdotas de besos interminables, de frases que me cambiaron, de miradas simples, de manos que traspasaron fronteras y que me contaron cuentos a su vez. No puedo decirles nada serio, sólo tengo miedos infantiles, teorías que me atormentan, dudas que a nadie importan y lágrimas que se repiten para el mundo pero que a mí me han ahogado una por una.
Soy una ilusa, una revolucionaria que no cambiará nada, una idealista que no puede defender sus ideales porque a veces le fallan, soy un caos que cree tener el orden en un beso, soy un fraude: estoy enamorada.
Ojalá nadie me ame, porque del que amo nunca tendré certezas, porque a él le juro las noches y le dedico los días y es, con todo y la mayor parte del tiempo, una causa perdida.
En mi ceguera, elijo el lado luminoso, decido amar y lo afronto, lo afronto como el quijote afrontó su locura creyéndola certeza, virtud y proeza.
domingo, 12 de diciembre de 2010
12XII10
Claro, el frío es excelente pretexto para la inactividad y para hacerme de la vista gorda con el necesario baño diario, como si la mugre se me pegara menos con las bajas temperaturas. Todo se me entume ante la primer tentativa de falta de movimiento, anta la falta de acción, lo que, a su vez, me incita a moverme menos. Los día como hoy me deprimo, me falta la fuerza para soportar los sabores de vida. Días como hoy me faltan las fuerzas para saber si lo que hago es correcto, barthes tiene razón cuando dice algo así como que el amante siempre duda. Cada que amo me desvelan las dudas, las intrigas, el temor de que pueda doler ya duele por sí mismo. Son las consecuencias no gratificantes de entregarme al ideal, de dejarme ir por la pasión, la locura, la entrega. No me arrepiento, por lo general. Pero hay días que pierdo la calma, como si caminará lejos de mí para ver que más hay y me dejara sola un rato. En esos ratos encuentro monstruos en los calcetines, siento serpientes en el roce de las sábanas y de entre los sueños me asciende a la garganta una sensación de estrépito escondido. No sé lidiar con ello, pasan los años y de repente me encuentra el miedo en el peor momento, en la soledad. Y no encuentro consuelo en nada, y busco en la desesperación un poco más de angustia para ver si se contrarestan, y llego a pensar en soluciones prohibidas, regañadas, culpables. Es cuando cometo más errores.
Asumo el temor como parte de mí, como parte inseparable de mi desbordad felicidad, del entusiasmo en el que me refugio cuando puedo, de la sonrisa franca que me alumbra de vez en cuando. Aún así, siempre hay un poco de miedo en mi valentía.
Asumo el temor como parte de mí, como parte inseparable de mi desbordad felicidad, del entusiasmo en el que me refugio cuando puedo, de la sonrisa franca que me alumbra de vez en cuando. Aún así, siempre hay un poco de miedo en mi valentía.
domingo, 21 de noviembre de 2010
20XI10
Palabras de niños
El lenguaje es el medio por el cual el ser humano se comparte, explica, desdoble y expone. Es la herramienta con la que, en un principio, comunica y un elemento por el que más tarde se identificará: el mundo es palabra, signo y significante. Así, la aprehensión del lenguaje se convierte, primero, en una parte esencial para la supervivencia, un medio para un fin, sin embargo, no es difícil que las palabras se constituyan pronto en un fin mismo, que ellas representen algo con un valor propio. Del éxito de los primeros encuentros del niño con el lenguaje podría depender después su acercamiento con otras abstracciones de la realidad y con otros lenguajes que enriquecen nuestra vida.
Para este éxito, es necesario explotar las funciones del lenguaje relacionadas con los diferentes elementos del acto comunicativo: emisor, receptor, medio, lenguaje mismo o mensaje. Depende de cual de estos elementos sea al que se la da mayor importancia la forma en la que se puede abordar su análisis y ejercicio, la capacidad para enfatizar uno u otros se adquiere en de maneras diferentes. La primera aprehensión del lenguaje es un proceso meramente icónico, relacionado con un proceso de nomenclatura del mundo, el entorno del acto comunicativo es lo importante: es cómo nombrar “eso” o “aquello”. Luego viene el uso del lenguaje como medio de expresión, es decir, lo que siente, desea o necesita, por lo que la atención se centra en el emisor. De manera natural se aprende también, más tarde, a poner énfasis en el receptor de nuestro mensaje, es un aprendizaje necesario para la vida en sociedad pues de él depende nuestro éxito social. Por otra parte enfatizar el mensaje, el medio o el lenguaje es más complicado pues requiere más reflexión y creatividad.
Los primeros encuentros con estas funciones no se dan de manera espontánea ni fortuita sino que deben ser introducidas por un tercero lo que es una de las mayores complicaciones para que lleguen a los niños. Sin embargo, este problema primigenio es el más reciente de todos pues este acercamiento se da por medio de las nanas, las rondas, las coplas, adivinanzas, refranes, dichos y otras manifestaciones. Antes de la aparición de los medios masivos de comunicación todas estas expresiones formaban parte de la educación del infante más como un medio de entretenimiento o de educación social que como un entrenamiento de apreciación artística, aún cuando son las introducen al menor con un uso no comunicativo del lenguaje, con una manifestación lúdica. Las palabras expresan pero a la vez invitan a la creación, a la rima y al juego. Incluso formalmente hablando, la composición de estos juegos de palabras es compleja, rítmica, regular, muchas veces terminan por ser objeto de estudiosos o tienen cierta carga histórica heredera de tradiciones. Por medio de estas expresiones el receptor centra la atención no en el mensaje sino en el medio, en las palabras en sí, ya que, a menudo, lo llamativo de estas manifestaciones radica en cómo se oye, así mismo marca la pauta para que también entienda una de las principales características de los textos literarios: que lo importante no es sólo lo que se dice sino como se dice. Es un primer paso para la comprensión del lenguaje poético.
La identificación del uso literario del lenguaje con las historias hace aún más importante la presencia del adulto para la relación. El adulto se convierte en el “mediador” o “animador de libros” y es él quien cuenta cuentos al niño, quien lo lleva al mundo de las historias. En la actualidad no es que los niños no tengan historias a su alcance o que no tengan sentido de la temporalidad de los eventos pues está acostumbrado a oír las descripciones que hacen sus allegados sobre lo que hacen así como tiene acceso a los medios de comunicación . El tipo de narraciones al que está habituado es diferente como también lo son los recursos que las sostienen. Oír o ver un cuento requiere que el receptor aplique todos sus sentidos, es hacer la costumbre de dedicar un momento específico sólo al lenguaje, sólo a entender y desarrollar una imagen en su mente. El mediador tiene la responsabilidad sobre cuántos cuentos le llegan y cómo le llegan, es el interlocutor con el objeto de lectura o la expresión literaria. En este caso es el mensaje el protagonista del acto comunicativo, lo que se dice sin importar quien lo dice, en apariencia. Con la introducción de las historias surge también otro problema, el de la imagen. Los niños no están acostumbrados a hacer sus propias imágenes sino que están acostumbrados a recibirlas ya digeridas y plasmadas por medios electrónicos que no deben ser santanizados ni prohibidos sino afrontados como parte de la nueva experiencia del niño con el mundo. Son imágenes gráficas acompañadas de diálogos, lo que los acerca más a la experiencia del teatro que a la literaria (aunque de ninguna manera sustituye al teatro pues éste tiene su propio lenguaje insistituible). Un infante tiene relación con programas de televisión, películas, video juegos, videos musicales y animaciones que le ofrecen historias también. El desafío es encontrar los medios apropiados para hacerle notar que él puede crear sus propias imágenes a partir de lo que oye y más tarde a partir de lo que lee así como hacerle notar que la lectura y la narración oral implican una simultaneidad que no se asemeja a la de los medios digitales sino que tiene horizontes y posibilidades propias, diferentes, accesibles sólo mediante el manejo del lenguaje. El adulto no tiene la obligación de acercarle estos usos sino, más bien, la posibilidad, depende en gran medida de su propia opinión sobre éstas experiencias el que se las procure o no al niño.
El dominio de las palabras, no obstante, no tiene (ni debe tener) como fin último el acercamiento con los libros pues ante todo deben ser éstas el medio de articulación de pensamientos que le permitan explicar y representar la realidad para comprenderla, abarcarla y, si se puede, modificarla.
Las palabras de un autor son la “radiografía” de su pensamiento, permiten al hombre reconocerse como semejante o diferente de otros, abre las expectativas y promueve la reflexión sobre la realidad del receptor, del emisor y de otras posibles. Permite asir el mundo por medio de la interpretación y reinterpretación, las cosas tendrán tantas caras como palabras para designarlas encontremos. Al final no es una cuestión didáctica sino humanística.
El lenguaje es el medio por el cual el ser humano se comparte, explica, desdoble y expone. Es la herramienta con la que, en un principio, comunica y un elemento por el que más tarde se identificará: el mundo es palabra, signo y significante. Así, la aprehensión del lenguaje se convierte, primero, en una parte esencial para la supervivencia, un medio para un fin, sin embargo, no es difícil que las palabras se constituyan pronto en un fin mismo, que ellas representen algo con un valor propio. Del éxito de los primeros encuentros del niño con el lenguaje podría depender después su acercamiento con otras abstracciones de la realidad y con otros lenguajes que enriquecen nuestra vida.
Para este éxito, es necesario explotar las funciones del lenguaje relacionadas con los diferentes elementos del acto comunicativo: emisor, receptor, medio, lenguaje mismo o mensaje. Depende de cual de estos elementos sea al que se la da mayor importancia la forma en la que se puede abordar su análisis y ejercicio, la capacidad para enfatizar uno u otros se adquiere en de maneras diferentes. La primera aprehensión del lenguaje es un proceso meramente icónico, relacionado con un proceso de nomenclatura del mundo, el entorno del acto comunicativo es lo importante: es cómo nombrar “eso” o “aquello”. Luego viene el uso del lenguaje como medio de expresión, es decir, lo que siente, desea o necesita, por lo que la atención se centra en el emisor. De manera natural se aprende también, más tarde, a poner énfasis en el receptor de nuestro mensaje, es un aprendizaje necesario para la vida en sociedad pues de él depende nuestro éxito social. Por otra parte enfatizar el mensaje, el medio o el lenguaje es más complicado pues requiere más reflexión y creatividad.
Los primeros encuentros con estas funciones no se dan de manera espontánea ni fortuita sino que deben ser introducidas por un tercero lo que es una de las mayores complicaciones para que lleguen a los niños. Sin embargo, este problema primigenio es el más reciente de todos pues este acercamiento se da por medio de las nanas, las rondas, las coplas, adivinanzas, refranes, dichos y otras manifestaciones. Antes de la aparición de los medios masivos de comunicación todas estas expresiones formaban parte de la educación del infante más como un medio de entretenimiento o de educación social que como un entrenamiento de apreciación artística, aún cuando son las introducen al menor con un uso no comunicativo del lenguaje, con una manifestación lúdica. Las palabras expresan pero a la vez invitan a la creación, a la rima y al juego. Incluso formalmente hablando, la composición de estos juegos de palabras es compleja, rítmica, regular, muchas veces terminan por ser objeto de estudiosos o tienen cierta carga histórica heredera de tradiciones. Por medio de estas expresiones el receptor centra la atención no en el mensaje sino en el medio, en las palabras en sí, ya que, a menudo, lo llamativo de estas manifestaciones radica en cómo se oye, así mismo marca la pauta para que también entienda una de las principales características de los textos literarios: que lo importante no es sólo lo que se dice sino como se dice. Es un primer paso para la comprensión del lenguaje poético.
La identificación del uso literario del lenguaje con las historias hace aún más importante la presencia del adulto para la relación. El adulto se convierte en el “mediador” o “animador de libros” y es él quien cuenta cuentos al niño, quien lo lleva al mundo de las historias. En la actualidad no es que los niños no tengan historias a su alcance o que no tengan sentido de la temporalidad de los eventos pues está acostumbrado a oír las descripciones que hacen sus allegados sobre lo que hacen así como tiene acceso a los medios de comunicación . El tipo de narraciones al que está habituado es diferente como también lo son los recursos que las sostienen. Oír o ver un cuento requiere que el receptor aplique todos sus sentidos, es hacer la costumbre de dedicar un momento específico sólo al lenguaje, sólo a entender y desarrollar una imagen en su mente. El mediador tiene la responsabilidad sobre cuántos cuentos le llegan y cómo le llegan, es el interlocutor con el objeto de lectura o la expresión literaria. En este caso es el mensaje el protagonista del acto comunicativo, lo que se dice sin importar quien lo dice, en apariencia. Con la introducción de las historias surge también otro problema, el de la imagen. Los niños no están acostumbrados a hacer sus propias imágenes sino que están acostumbrados a recibirlas ya digeridas y plasmadas por medios electrónicos que no deben ser santanizados ni prohibidos sino afrontados como parte de la nueva experiencia del niño con el mundo. Son imágenes gráficas acompañadas de diálogos, lo que los acerca más a la experiencia del teatro que a la literaria (aunque de ninguna manera sustituye al teatro pues éste tiene su propio lenguaje insistituible). Un infante tiene relación con programas de televisión, películas, video juegos, videos musicales y animaciones que le ofrecen historias también. El desafío es encontrar los medios apropiados para hacerle notar que él puede crear sus propias imágenes a partir de lo que oye y más tarde a partir de lo que lee así como hacerle notar que la lectura y la narración oral implican una simultaneidad que no se asemeja a la de los medios digitales sino que tiene horizontes y posibilidades propias, diferentes, accesibles sólo mediante el manejo del lenguaje. El adulto no tiene la obligación de acercarle estos usos sino, más bien, la posibilidad, depende en gran medida de su propia opinión sobre éstas experiencias el que se las procure o no al niño.
El dominio de las palabras, no obstante, no tiene (ni debe tener) como fin último el acercamiento con los libros pues ante todo deben ser éstas el medio de articulación de pensamientos que le permitan explicar y representar la realidad para comprenderla, abarcarla y, si se puede, modificarla.
Las palabras de un autor son la “radiografía” de su pensamiento, permiten al hombre reconocerse como semejante o diferente de otros, abre las expectativas y promueve la reflexión sobre la realidad del receptor, del emisor y de otras posibles. Permite asir el mundo por medio de la interpretación y reinterpretación, las cosas tendrán tantas caras como palabras para designarlas encontremos. Al final no es una cuestión didáctica sino humanística.
sábado, 30 de octubre de 2010
30 X 10
La tranquilidad que viene con la confianza, más que con el abuso, de ciertas sustancias es necesaria como lo es el café por las mañanas de lunes después de fin de semena de puente y con examen.
Es una tranquilidad merecida pero culpable. No niego en ningun momento que el consumo de ellas, puesto que implican la comercialización, implica muertes. No apoyo las muertes, no es que no me pesen ni que no me importen.
Es complicada un disertación en la que los daños son "invisibles", cadáveres y cadáveres de personas que no conozco, que nunca he visto y nunca vere pues mi vicio, como una de sus peores consecuencias, cobra como peor culpa ser una planta asesina.
La disertación semántico-filosófica sobre lo que significa que una planta asesina sea agentiva debe quedarse a un lado siempre, un hábito así no tiene derecho a la broma, al cuestionamient, a la irreverencia pues ésta, como siempre, lastima.
Las complicaciones de una desición no se hacen patentes sino hasta que un interlocutor las cuestina, es difícil ser cuestionado, no va con cualquier carácter. Así como no va con todos los caracteres preguntar no va con todos responder, de hecho va con aún menos. Requiere de curiosidad y valor preguntar, implica a menudo ciertas consideraciones para con el interlocutor, una percepción propia sobre la curiosidad, el morbo y el espacio mental ajeno. En realidad el verdadero acto de valor a menudo viene cruzando el act comunicativo y juzgando la respuesta, aun cuando ésta sea una negativa de contestar la pregunta, aun cuando la negación de la respuesta sea en sí mismo algun tipo de respuesta con contenido, decir "nada" dice más de lo que los indagadores quieren creer.
Cuando una desición se basa en el placer es mucho menos sostenible que muchas otras. Primero, sería sostener que que el placer es un tipo de beneficio, uno personal, intransferible (excepto en el caso de que alguien este enamorado de ti ya que en ése caso también al otro le daría gusto, en teoría, que este beneficio es considerado mayor o más importante a los daños o consecuencias negativas pueda atraer. Qué tipo de persona es aquélla que considera "pocos daños" la muerte de personas. lamuerte es curiosa cosa, uno puede sentir que muere un poquito cuando no es feliz, no hay más finalidad en la vida que la felicidad, no hay más consideraciones que las que nos meremos nosotros y nuestra paz.
Se buscan amigos por ello, amores, placeres, pasiones, compromisos. Se acude a llamdos y se beben tragos amargos como consecuencia o precio. Se disfruta lo malo y lo bueno como conciente aceptación de un tipo de vida que es asumido y razonado.
No hay justificación para un placer, pero no por ello deja de serlo. Es como un claro, un lugar donde llegue un poco mas de luz o donde se tenga cierta tranquilidad. Es un camino para aquél lugar, no el único y aun menos el mejor, hay otros más efectivos y hermosos, caminos que hacen olvidar el destino. El claro por otra parte tampoco es un destino, es como un descanso de unas grandes escaleras. Es y no es un claro por que a veces parece más como un algo más que se me escapa ante la insistencia de admitir que simplemente es un placer, un placer al que desearía no tener que explicar y menos defender.
Es la libertad sin responsabilidad de la libertad de prensa, es el tipo de libertad que gozamos en otros medios los que escribimos sabiendo que posiblemente esto ni siquiera sea leído. Pero las palabras... quién dijo que a las palbras se las lleva el viento debió ser inmortal.
Es un vicio, sin duda, sólo por q hace mal. Es el peor vicio del mundo por que hace mucho daño, debo ser la peor persona ddel mundo por no importarme, pero me importa y lo hago, y ya no puedo sentirme peor.
Es una tranquilidad merecida pero culpable. No niego en ningun momento que el consumo de ellas, puesto que implican la comercialización, implica muertes. No apoyo las muertes, no es que no me pesen ni que no me importen.
Es complicada un disertación en la que los daños son "invisibles", cadáveres y cadáveres de personas que no conozco, que nunca he visto y nunca vere pues mi vicio, como una de sus peores consecuencias, cobra como peor culpa ser una planta asesina.
La disertación semántico-filosófica sobre lo que significa que una planta asesina sea agentiva debe quedarse a un lado siempre, un hábito así no tiene derecho a la broma, al cuestionamient, a la irreverencia pues ésta, como siempre, lastima.
Las complicaciones de una desición no se hacen patentes sino hasta que un interlocutor las cuestina, es difícil ser cuestionado, no va con cualquier carácter. Así como no va con todos los caracteres preguntar no va con todos responder, de hecho va con aún menos. Requiere de curiosidad y valor preguntar, implica a menudo ciertas consideraciones para con el interlocutor, una percepción propia sobre la curiosidad, el morbo y el espacio mental ajeno. En realidad el verdadero acto de valor a menudo viene cruzando el act comunicativo y juzgando la respuesta, aun cuando ésta sea una negativa de contestar la pregunta, aun cuando la negación de la respuesta sea en sí mismo algun tipo de respuesta con contenido, decir "nada" dice más de lo que los indagadores quieren creer.
Cuando una desición se basa en el placer es mucho menos sostenible que muchas otras. Primero, sería sostener que que el placer es un tipo de beneficio, uno personal, intransferible (excepto en el caso de que alguien este enamorado de ti ya que en ése caso también al otro le daría gusto, en teoría, que este beneficio es considerado mayor o más importante a los daños o consecuencias negativas pueda atraer. Qué tipo de persona es aquélla que considera "pocos daños" la muerte de personas. lamuerte es curiosa cosa, uno puede sentir que muere un poquito cuando no es feliz, no hay más finalidad en la vida que la felicidad, no hay más consideraciones que las que nos meremos nosotros y nuestra paz.
Se buscan amigos por ello, amores, placeres, pasiones, compromisos. Se acude a llamdos y se beben tragos amargos como consecuencia o precio. Se disfruta lo malo y lo bueno como conciente aceptación de un tipo de vida que es asumido y razonado.
No hay justificación para un placer, pero no por ello deja de serlo. Es como un claro, un lugar donde llegue un poco mas de luz o donde se tenga cierta tranquilidad. Es un camino para aquél lugar, no el único y aun menos el mejor, hay otros más efectivos y hermosos, caminos que hacen olvidar el destino. El claro por otra parte tampoco es un destino, es como un descanso de unas grandes escaleras. Es y no es un claro por que a veces parece más como un algo más que se me escapa ante la insistencia de admitir que simplemente es un placer, un placer al que desearía no tener que explicar y menos defender.
Es la libertad sin responsabilidad de la libertad de prensa, es el tipo de libertad que gozamos en otros medios los que escribimos sabiendo que posiblemente esto ni siquiera sea leído. Pero las palabras... quién dijo que a las palbras se las lleva el viento debió ser inmortal.
Es un vicio, sin duda, sólo por q hace mal. Es el peor vicio del mundo por que hace mucho daño, debo ser la peor persona ddel mundo por no importarme, pero me importa y lo hago, y ya no puedo sentirme peor.
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